lunes, 26 de octubre de 2009

Sossis i patisants (Collegats)

Muchas veces he pasado por el desfiladero de Collegats y he quedado embelesado, pero nunca había sido mi destino. Ya era hora. Me encanta el ambiente que le rodea a uno, cuando está allí.
Joan, Balbino y yo, hemos dormido en la furgo, en la Font de la Figuereta. Habíamos elegido una vía a priori sencillita, pero no imaginábamos hasta que extremo lo es. Se trata de una rampa, rampa, menos la entrada de la vía, que se las trae. El primer paso consiste en la superación de un desplome, que está de quinto. A lo mejor si que es quinto, pero en frío y con las suelas embarradas... menos mal que no es obligado, porque hemos pringado los tres. Luego sigue un tramo guarro, por un diedro con tierra y vegetación, en dónde la dificultad depende de lo que te fíes de las ramas como presa. Algunos arbustos más sólidos sirven como seguro.Así cinco o diez metros y despues ya se tumba la cosa y empieza un terreno que va a ser la tónica general de toda la escalada: placas tumbadas y fáciles, com buena roca en general, aunque con alguna excepción, y algunos resaltes en los cuales aumenta la dificultad ligeramente, sin pasar en ningún momento de cuarto, quizá algún paso de cuarto superior, por no contradecir la reseña original.

El caso es que no ha venido mal que fuese así, porque una lluvia intermitente ha dado el punto de emoción y, de haber sido más dificil la vía, no hubiésemos sido capaces de hacerla estando mojada.

El descenso nos ha costado más que la escalada y no es exageración. Supongo que en seco será otra cosa, pero así, tan resbaladizo, ha sido verdaderamente incómodo. Se trata de bajar por una canal equipada con cables, cadenas y cuerdas fijas.

En definitiva, he conocido una región magnífica a la que pienso volver.

domingo, 18 de octubre de 2009

Vía Daniel Sa a la Miranda de las Boigas



Ya casi bien, tras la fractura de muñeca que he sufrido este verano, he ido con Joan y Fernándo a la vía Daniel Sa, de la Miranda de las Boigas. Vía elegida bajo varios condicionantes. Fernándo tiene una lesión de rodilla y andar es un problema para él, así es que tenía que haber poca aproximación. Joan pedía que diese el sol, porque está constipado y yo, como me reincorporo, viniendo de una lesión, pedía que no fuese dificil y que estuviese bien asegurada, para ir probando. O sea que tenía que ser una vía no muy dificil, bien asegurada, que diese el sol y con poco pateo. Llegé a preguntarme, muy sinceramente, si realmente queríamos practicar la escalada o si sería mejor que nos fuésemos a pasear por un parque.
Bueno, pues al final la cosa ha estado bien y ha sido a gusto de todos. Además son tres largos de cuerda, uno para cada uno. Para mí el primero, por ser el más fácil y yo el más malo de los tres. Veinte metros de tercero, con algún paso de cuarto y tres paraboles, flanqueando hacia la derecha, hasta una rerunión con buenas vistas del refugio y las agullas.
La segunda ha sido de Fernándo. La pared gana verticalidad y hay dos o tres metros finitos (V), dónde noto un poco de molestia, al tener que tirar del dedo corazón de la mano izquierda, pero solo un poco y solo en esas circunstancias, o sea que me estoy recuperando bien. El largo es el más dificil, pero está bien asegurado.
Por último le toca a Joan, un largo agradable de cuarto - cuarto superior, vertical, con buena presa y los seguros un poco menos cerca, pero bien, sin exagerar.

El descenso ha sido una excursión divertida para mí y molesta para Fernándo y su rodilla de cristal, con destrepes y canales.

La cerveza, indispensable y objetivo fundamental, en El Bruc.

Que bie, ya estoy escalando otra vez, que ganas tenía. En más de dos meses solo había hecho la Tio Gos, hace dos semanas, con la mano jodidilla.

domingo, 4 de octubre de 2009

A la mano coja


No me veía lo suficientemente recuperado del brazo, como para escalar. La mano está debil y dolorida. Juan Miguel me lo propuso, y también Fernándo, pero no lo veía nada claro y estaba dispuesto a seguir esperando. Sin embargo, el viernes a última hora me dejé seducir por Pere y Quima, que me ofrecieron rebajar su objetivo del domingo incluso a niveles ínfimos, con tal de que pudiese acompañarles. Decidimos ir a la Tio Gos, en el Gorro Frigi, que me faltaba en la colección de "love climbing - Arias".
La vía ha resultado sencilla y relajada, a pesar de la disfunción que todavía tengo en la mano izquierda, lo complicado ha sido llegar hasta Gorros, por culpa de las retenciones de tráfico y las aglomeraciones. Cuando ya estábamos a trescientos metros de la entrada del parquing del monasterio, el atasco era tal que dimos la vuelta y volvimos a Monistrol, para volver a subir en el cremallera.

En cuanto a la escalada, una vez conseguimos llegar, bien, muy facilita, salvo el principio del último largo, que está de seis a, pero no es obligado.
El primer largo y el segundo son muy sencillitos pero resultan agradables de escalar. El tercero y el cuarto son andando o casi y los hemos empalmado, saliendo a ensamble cuando se ha terminado la cuerda. El último ya no es tan fácil, empieza con unos pasos duros, que son el seis a, pero que, como decía no son obligados en absoluto. Pere, de primero, lo saca limpio, con mucha soltura y un par de resoplidos. Yo, estando sano, no se si lo conseguiría, probablemente no y asi, ni soñarlo. Se puede acerar bien, pero veo que la mano izquierda no me lo permite, así es que desplego los estribos y asunto resuelto. Luego sigue un cuarto superior-cuarto, que supero sin plroblemas, con algo de recelo en algún paso de mano izquierda, pero bien. Quima prueba y hace un par de acerillos que le duelen en el alma (orgullo de ganadora).
Una buena observación, a tener en cuenta por quien vaya, es que la reunión final, en la cima, está a la izquierda y cuesta encontrarla.
Después ya unas buenas cervezas y eso, y hala, hasta la próxima, que veo que hasta cuarto, de momento, puedo escalar.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Caminando





Calculaba que por estas fechas podría volver a escalar, pero el cálculo era erróneo. La recuperación está siendo más lenta de lo que esperaba y no se cuando llegará a su fin. Hay momentos en los que tengo la sensación de que será pronto, y otros en los que me parece que no va a ser nunca, pero, como realmente no hay mal que por bien no venga, sobre todo para un optimista empedernido como yo, esta situación a dado lugar a una actividad que tenía olvidada y que conduce a un estado mental que es el inicio del buen camino (lo se por experiencia). El buen camino en la montaña, en la escalada y en la vida en general.
Este domingo he ido a Montserrat a caminar, ya que escalar no puedo, y he caminado, inducido por alguna misteriosa inspiración y si habérmelo propuesto, de una forma que tenía olvidada.
Últimamente andaba en busca del pie de vía y antes, cuando mi regreso a la montaña, lo hacía con espíritu deportivo, con vocación por el esfuerzo.
Este domingo he deambulado por la montaña como solía harlo en otros tiempos, sin rumbo fijo, despacio, volviendo sobre mis pasos en muchas ocasiones, contemplando mi alrededor y observando los detalles, con un espíritu mucho más contemplativo que deportivo.
Estoy muy satisfecho de haber recuperado estas sensaciones que me llenan de buenas espectativas, que se transforman en ilusiones. Creía que los bosques de Montserrat no eran tan atractivos como antes y lo achacaba al gran incendio. Lo que no acababa de entender es que también sucediese en los lugares a los que no llegó el fuego. Ahora me he dado cuenta de que no es el bosque el que ha cambiado, sino mi forma de verlo. Ahora estoy volviendo a verlo como antaño.

martes, 4 de agosto de 2009

Directa de l' Avatar y la Dent d' Orlú







Siete de la mañana... Plaza Orfila... Furgoneta industrial reciclada como vehículo de "expedición"... Trajín de mochilas...

Un buen bocadillo en Coll de Nargó...

Aproximación de una hora, poco más o menos, hasta el pie del Tossal de la Feixa y empezamos a escalar casi al medio día.

La vía Directa de l' Avatar, made in Gillem Arias, benefactor de los limitados, me ha gustado mucho. Es mucho mejor que su vecina, la vía d' en Guillem, que hice hace poco. La pared es mucho más estética y aérea y la dificultad más sostenida, con buena roca y la profusión de paraboles característica de la firma G. Arias. Una vía para escalar relajadamente y sin gastar ni una gota de adrenalina.
Largo tras largo la vamos superando, pensando en lo tarde que vamos a llegar a la Dent d' Orlu, nuestro próximo destino, al queríamos llegar tempranito, para situarnos, que no lo conocemos, pero también queremos hacer esta vía, así es que asumimos que llegaremos tarde.

Descenso con el necesario recorrido por la estética cresta de los Pics del Coniller y cerveza en Coll de Nargó. Después, carretera y manta.

Cruzamos andorra y nos metemos por el túnel de Envalira. Salimos en Francia, ya de noche.
Llegamos a Ax les Termes y vemos un cartel de indica el camino hacia la Dent d'Orlu. Al final de una carreterilla, un parquing con alguna gente pernoctando, unos en furgoneta o autocaravana y otros en tiendas de campaña. Allí nos quedamos.

Al día siguiente un almuerzo pantagruélico, en el bar de una señora muy amable y simpática, que nos debió ver cara de hambre. No nos lo pudimos comer todo, y eso que yo soy un tragaaldabas.
Allí, entre la explicación de la mujer del bar y los mapas expuestos en la pared, nos damos cuenta de que estamos en dónde no es. Estamos en el valle al sur de la Dent d' Orlu y deberíamos estar al norte, en el siguiente valle.
Cogemos la furgona y nos vamos para allá. Remontamos una pista y llegamos a un parquing que es una rotonda. Ese es el bueno, al que teníamos que ir. Hay más escaladores. Preguntamos y nos indican el camino.

Aproximación de una horita o así, por bosques y prados pirenaicos, muy acogedores...

La pared está bastante concurrida, por cordadas de diferentes nacionalidades, en diferentes vías. En la nuestra no hay nadie. Es la Tapa Sens Dalle, una de las más fáciles, que la clave del éxito está en ponerse objetivos asequibles. Otra vez es casi el medio día.

Se trata de un tipo de escalada al que estamos poco acostumbrados. Son placas inclinadas, de adherencia. La roca es gneis, que es como el granito que venderían en un bazar chino. Parece granito, pero es peor, con menos adherencia.

En la segunda tirada, Fernando pierde el rastro de la vía y decide hacer reunión en una de la vía de al lado, teniendo que esperar a que un alemán saliese y la dejara libre.
Ahora me toca reencontrar el camino. Voy flanqueando hacia la izquierda y, por fin, vuelvo a encontrar algunas chapas de la vía. Termino haciendo un recorrido turístico por placas tumbadas y franjas herbosas y acuíferas, de sesenta metros que me lleva a la tercera reunión de la vía.

Durante toda la jornada vivimos rodeados de niebla y brumas, con el jersey puesto.
Las reseñas dicen que es una vía muy asegurada, pero no es cierto, la verdad que alejan, a veces más en lo difícil que en lo fácil. Se puedes poner cacharros, pero solo en algunos sitios. De hecho, no siempre se ve la siguiente chapa, lo que le da al asunto un puntito de aventura, obligándote a orientarte en la pared, que es lo mejor de la vía.

En realidad no es difícil, es creertelo, creer que te aguantas por adherencia y mantener una buena posición, con el eje de gravedad pasando por los pies y bien derecho. Si te pones bien y te lo crees, no tiene ningún problema, lo que pasa es que. entre la falta de practica y los alejes, da un poco de yuyu. Después de unos cien metros ya le he pillado el truco.

Las dificultades se concentran en el centro de la vía. Como siempre, lo hemos organizado de manera que a Fernando le toque lo más difícil, porque es el más fino de los dos.

Hay algunos pasos de quinto y, en una tirada, algo de quinto superior.
En uno que está como de quinto, hay una cuerda fija, con nudos, en un resalte. Mi compañero dice que no le parece serio, pero acaba por agarrarse a ella, que si está es por algo. En una guía francesa, que hemos visto, dice que se lleven estribos, puede que sean para ahí, en caso de no estar la cuerda fija.

Luego viene una que es la más dura. Marca quinto superior. El quinto superior está en la superación de un techito y el paso previo a él. En principio, se puede evitar desviándose por la izquierda, pero cuidado, que es de hierba, bastante vertical y, según como este de húmedo, puede ser complicado y desagradable. De todas formas, Fernando siempre va por dónde es e intenta y normalmente consigue, sacar los pasos limpios. Yo soy mucho más tramposo, sobre todo si voy de primero.
El paso del techo lo encuentro más de quinto superior, que es mi límite, y acabo por agarrarme a la cuerda. Fernando, que después de mirarlo bien, lo hace sin problemas, dice que si es quinto superior. El paso en cuestión consiste en superarse con el pie derecho en un garbanzo resbaladizo, a la altura de la cintura y las dos manos en ñapas.
A continuación viene una placa fina y bastante derecha, de quinto, unos cinco metros. Luego un flanqueo fácil, a la derecha y reunión.

Desde aquí faltan cuatro largos sencillitos, sin pasar de cuarto. Lo malo es que, en la antepenúltima tirada, cuando ya parecía todo hecho, la lesión de menisco que Fernando arrastra desde hace tiempo, decide hacerse notar. El hecho no impide que salgamos por arriba, pero hace que lo hagamos con mayor lentitud de la que ya solemos llevar, y la bajada, ni te cuento, es un camino un poco escabroso que, con la rodilla dolorida y el miedo a un nuevo achaque, recorremos a paso de procesión de las más lentas.
Por fin llegamos al bosque, ya anocheciendo y lo cruzamos con los frontales encendidos.

En el parquing hay una pareja-cordada de jóvenes que nos esperan con preocupación, a pesar de que no nos conocen. Han visto nuestra furgoneta, con una reseña de escalada sobre el salpicadero, la niebla y la noche y han deducido que podía haber visos de tragedia. Hablamos con ellos un rato, les explicamos y les agradecemos.

Queríamos darnos una buena cena, pero con lo pronto que se recogen en Francia, tenemos que conformarnos con el fuet que nos quedaba y unos churros que compramos en un puesto de feria que estaba cerrando, que estaban tan malos que acabamos tirándolos a una papelera. Dormimos aparcados, ya en el camino de vuelta y desayunamos en Puigcerdá, en la Plaza del Campanario.

No he publicado antes esta piada, que es de hace casi una semana, porque el trabajo me tenía secuestrado.
Ayer, día anterior a coger unos días de vacaciones, para irme con mi mujer, a pasear por ahí, he sufrido un accidente laboral y me he roto un brazo, así que, además de haberse jodido las vacaciones y el trabajo, voy a tener que estar una temporada sin escalar. Que se le va ha hacer...



MÁS FOTOS (están comprimidas en formato zip)

lunes, 27 de julio de 2009

Vía Esparraguera a la Roca Gris




Era una vía que teníamos pendiente, Fernándo y yo, de esas que todo el mundo ha hecho. Nos la habíamos planteado es mes pasado, pero estaba afectada por las regulaciones. Este domingo, por fin, hemos ido, acompañados por Joan, que la ha hecho varias veces.

Empieza Joan. El primer largo es cuarto, por un espoloncillo algo descompuesto y con no muchos seguros, aunque alguno hay.
La segunda es para mí, Continua el espolón, la dicultad aumenta a quinto y los seguros son más abundantes. Subo haciendo muchos a ceros y con poca inspiración. Ya al final de las dificultades empiezo a dudar mucho. No me decido. En realidad no veo problema en la roca, el paso en cuestión no es más de cuarto superior, con buena roca y un parabol a la altura de los pies, pero la cabeza me dice que no. Es el miedo absurdo que creía estar superando y que vuelve a invadirme. Termino por bajar avergonzado. Sube Joan.

La tercera es la mejor, por su primer tramo, que es un quinto superior muy vertical, con presa pequeña, pero muy buena. Es fuerza de dedos y un poco de posturitas. Se encarga de ella Fernándo y yo subo sorprendentemente bien, evidenciando ante mi mismo el gran desfase que hay entre lo que puedo hacer y lo que me atrevo a hacer.

A pesar de que los pasos más sifçiciles se encuentran en la tercera, la cuarta es, para mí, la más exigente, por la continuidad en el primer tramo. Quinto mantenido, durante bastantes metros, con seguros, pero no demasiado cerca, para la dificultad que es (tres o cuatro metros). Despues ya afloja mucho. El encargado de abrir camino es Joan.

En la quinta, como la dificultad decrece, vuelvo tomar la cabeza de la cordada. Son unos veinticinco metros de cuarto y, al final, tercero superior. Solamente hay un seguro fijo, al que añadido un friend y merlet.

Dicen que la última es la más bonita. Un diedro de cuarto, totalmente "clean", en el que resulta fácil la autoprotección. Como lo que llevo hecho de primero me parece poco y mal hecho, pido que me dejen hacer esta también. Solo hay un paso, al principio, que me cuesta un poquillo, lo demás resulta bastante fácil. El diedro se acaba con un desplome que lo cierra, y que hay que sortear por la derecha. Tengo calambres en los dedos de los pies, cosa que me ocurre a veces. A perro flaco, to son pulgas... me paro un poco, para recuperarme de la dolencia y continuo. Flanqueo a la derecha para evitar el desplome y me abrazo a unos bloques que parecen medio sueltos. Al superarlos, me doy cuenta de ya estoy arriba.

El descenso por los rápeles de la Urquiza - Olmo.

La vía no está mal, pero tampoco la encuentro especialmente atractiva. Claro, que puede tener que ver bastante, el sabor de fracaso con que he salido de ella.

martes, 21 de julio de 2009

Curioso berenjenal en la arista del Caval (Los hermanos Marx en el Cavall Bernat)








En primer lugar, explicar a los lectores que si no he publicado antes esta piada, ha sido porque una lesión ocular me ha impedido utilizar el ordenador, hasta hoy.
En segundo lugar, aclarar que, aunque esta escalada ha sido un ejemplo de en que plan no se debe ir, en ningún momento ha habido verdadero peligro, gracias del sólido equipamiento de la vía y que ha sido un cachondeo divertido y relajado, en el que los compañeros han estado a la altura de las circunstancias, a pesar de los pesares, y que han sido unos excelentes compañeros, con los que me volvería a embarcar en otro jaleo parecido.

Aclaradas estas dos cuestiones, paso a relatar una curiosa aventura, fuera de lo habitual:

Este domingo había quedado con Juan Miguel en la Fonda Xica, a las nueve de la mañana para, después de un buen almuerzo, ir a Gorros, a hacer algo poco complicado pero largo, seguramente empalmar más de una vía. Juan Miguel es un viejo amigo y compañero de fatigas que, aunque escala de tarde en tarde, después de muchos años de retiro, conserva una asombrosa facilidad para trepar por las placas montserratinas.
Llego puntual y me encuentro a varios conocidos, pero no a Juan Miguel, al que supongo a puto de presentarse.
Está Lluis, con Lourdes, Bermu y familiares. También piensan ir a Gorros. También Toni, con un hombre y una mujer a los que no conozco, que dicen que van a la Punsola.
Me siento con ellos... almuerzo...el grupo de Lluis se despide... y Juan Miguel que no aparece. Lo llamo por teléfono y resulta que tiene mal la hora del móvil y cree que es dos horas más temprano. Dice que, si viene, tardará un buen rato. Hago cálculos y me sale que empezaremos a escalar al medio día. Me dice que si tengo con quien ir, vaya, que él ya vendrá otro día. Le tomo la palabra.
La Punsola es una vía a la que tenía muchas ganas de ir, así es que acepto la invitación y me uno al grupo.
Se decide que haremos dos cordadas: Toni con Tatiana y Gonzalo y yo. Ellos tienen dos cuerdas de 10,2, así es que iríamos en simple. Además, yo llevo una Jocker, que, en principio, no va a hacer falta. Elloos aseguran con Gri-Gri.

Nos presentamos en Santa Cecilia y, al preparar el material, resulta que les falta un arnés. El del coche de al lado, que nos está oyendo, se ofrece a prestarnos uno que le sobra, y eso que no nos conoce de nada. Realmente hay buena gente por el mundo.
Solucionado el percance y muy agradecidos, cogemos el camino de L' Arrel. En el último momento, he cogido la Jocker, por lo que pueda ser.

Delante hay dos cordadas de gente fuerte, de fuera de cataluña. Se han venido de Chamonix, porque allí hace mal tiempo.
Le pregunto a Gonzalo como hacemos, si una cada uno. Me dice que sí.

Empizo yo. La primera es un boño descompuesto, de tercero a pelo. He visto que los de delante ponen un friend. Como no llevo, atasco un nudo de cordino en el mismo sitio. Queda estupendo.
Gonzalo sigue con la segunda, muy larga, cincuenta metros de cuarto, quizá cuarto superior arriba, con alejillos de cinco o seis metros, que el aumenta al salterse un seguro en el tramo final, que es el más difícil. Llega ala reunión y dice que no sabe como montárselo para asegurarme. ¡Increíble!
Sube Toni, chapando en nuestras cintas y monta la reunión.
Mientras voy subiendo voy reflexionando un poco. ¿Qué hago? ¿Me bajo? No. preopondré que hagamos una cordada de cuatro en la que Roni y yo nos repartamos los largos. De todas formas, el berenjenal y la lentitud, parecen asegurados y la vía permite una romería, por lo robusto del equipamiento. Además, no nois sigue ninguna cordada a la que podamos estorbar. Los de delante ya están por arriba y van por faena, así es que el caballo está para nosotros y nuestras torpezas. Vamos para adelante.

Formamos la cordada única y Toni le mete a la segunda. Va bien, con mucha decisión.
Cuando nos juntamos de nuevo, en la siguiente reunión, le propongo que, como va más fuerte que yo, en libre, se haga la siguiente, que es la más difícil, obligada y yo haría las tres siguientes, que tienen más artificial. Me responde que si, que él hace la que viene, pero que también piensa hacer todas las demás. Bueno, pues por mí vale, que he venido de invitado y, además, como soy un matao, pues mejor, más tranquilo y a verlas venir.

Toni va haciendo tiradas con mucha decisión y los demás le vamos siguiendo sin demasiados problemas. La chica está preocupada por el artificial, que solo lo ha hecho una vez y con problemas. Yo le voy diciendo que no se preocupe, que ya me encargaré yo de ayudarla.

La sombra nos cubre, sopla un poco de viento y hace fresquillo, a pesar de que estamos a mediados de julio.

Llega el artificial. Se puede hacer bastante o incluso todo en a cero, pero resulta más cómodo desplegar los estribos, sobre todo si no se está muy fuerte, como es nuestro caso.
Pues allí estamos, la muchacha y yo, al alimón, enseñándole el manejo de los estribos, poniendo el suyo en dónde no conseguía llegar, con todo el patio del Cavall, pero con muchas tranquilidad y buen humor. La mujer mresultó ser muy despabilada, además de valiente y, al final del largo ya no necesitaba ayuda. Claro que no íbamos era rápido y, cuando llegamos a la reunión, Toni está tiritando.

La siguiente es ya la penúltima, más corta y sencilla que la anterior. Toni la supera y Tatiana no tiene ningún problema. Ya no va ni despacio. Mientras tanto, por detrás, Gonzalo va superando largo tras largo sin despeinarse.

Al fín nos juntamos Tatiana, Toni y yo, en la última reunión. Gonzalo espera en la de abajo.
Toni, que ya ha hecho la vía, dice que desde allí hasta la cima, solo hay diez metros. La salida de la vía es con un flanqueo a la derecha de seis a o artificial, para después salir en libre hacia arriba, de cuarto superior, per él dice que la otra vez salió por una linea de chapas que sale en diagonal a la izquierda, superando un extraplomo en artificial.
Toni se mete por la salida de la derecha y tiene problemas. Estamos todos un poco helados. Al final no se decide y vuelve a la reunión. Les propongo que salgamos por el otro lado, pero Tatiana dice que quiere bajar, que está muy cansada. Toni tampoco parece muy decidido. Les planteo que bajar desde allí no es un momento, pero veo que es lo que quieren hacer. Yo, la verdad es que voy en un plan que me da todo lo mismo, así es que empezamos a rapelar los trescientos metros de arista, toda una aventura. Además, no tarda mucho en hacerse de noche y yo soy el único que lleva frontal. Hay algún momento un poco tenso, pero pronto vuelve el buen humor. La verdad es que tampoco hay mucho problema, solo un poco de frío y fijarse bien en lo que se hace. Las reuniones están todas con anillas y muy seguras y en este tipo de maniobras tengo cierta soltura. No hay más que ir bajando y ya llegaremos abajo.

Sufro un pequeño percance, un golpe en el ojo debió producirme una pequeña herida en el globo, que ha hecho que la lentilla me resulte insoportable. me la quito, me la pongo, me la vuelvo a quitar y decido prescindir de ella, a pesar de que ello me provoca una disminución de la visión. Por suerte, el ojo dañado es el que tiene menos visión de los dos. Tatiana, que me ve metiéndome el dedo guarro en el ojo, dice que ya la he cagado. Cuanta razón tenía. He sufrido una infección de aquí te espero, pero la verdad es que no tenía otra alternativa. He decidido dejar de usar lentillas.

Bueno, el caso es que, a las doce de la noche, alcanzábamos de nuevo el pie de vía.
Ahora tocaba bajar el trozo de canal y desacer el camino hasta Santa Cecilia, cosa que hicimos con lentitud, para no perder la costumbre de ser lentos. Con un solo frontal, menos mal de él, y yo tuerto. Total, que a las tantas en casa y con un ojo a la virulé, gajes del oficio...

Tengo que volver pronto a terminarla, llevando otro planteamiento más serio. Es una vía que merece la pena.